Encarna León . Melilla, 2014

Encarna León (Granada, 1944)

Hoy,  primero de noviembre,

la palabra invierno se ha dejado ver

tras los cristales.

Llueve con un tamiz fino,

sugerente y hermoso.

El gris, a lo lejos, lleva

ceniza de nombre, de hogar,

de incertidumbre y palmera.

Ella permanece erguida y agradece

a la lluvia su baño generoso.

Es noviembre y sus letras

encierran historias de misterio.

La N, evoca naufragios de otros

tiempos lejanos con sencilla

mansedumbre de fiesta.

La O, es el pozo, pretil de adviento

que llama con aromas de incienso

y de estrellas.

Con la V, viaja más allá de abiertos

horizontes donde los brazos tejen

canciones como ascuas,

como lazos de encendidos encuentros.

La I, parece un velero impulsado

por aires de zambomba sonora

y la E, un collar anudado de esperanza.

La M, es barca de reposo

ondulada de sol y salitres amados

que vienen a poblar las manos

de vendimia.

Con la B, bebe el néctar

de todas las aceras que recogen

pasos de una infancia crecida.

Es la R, risa, alegría que enciende

hogueras de ilusión por todos

los rincones.

Y su última letra,

nuevamente la E, la transporta

a ese sueño de neblina azulada

un tanto inalcanzable.

Es noviembre y es la lluvia,

el candor del recuerdo, el paisaje

marino clavado en la mirada.

Es el frío que llega dispuesto a encender

corazones a pesar de lluvia.

de Esta espera de ave (2018)

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